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4/10 Que Arda Todo: Always were you mine - Nara Black

  • nararubletters
  • hace 6 días
  • 4 min de lectura























Debo empezar diciendo que Que Arda Todo partió de una dinámica que me resultó bastante atractiva. Me gustó que Mara y Nico no fueran presentados desde una dinámica sencilla de víctima y victimario, sino como dos personas que participan activamente en el juego. Ambos se provocan, se observan y parecen disfrutar más de la persecución que de la recompensa. Esa especie de cacería inicial tenía potencial para construir una tensión interesante.

Sin embargo, conforme avancé, sentí que la novela terminaba dependiendo demasiado de esa misma dinámica.


Mi principal problema es que la “cacería” no parece evolucionar demasiado. Durante buena parte de la historia los personajes continúan midiéndose, provocándose y tratando de descubrir quién tiene el control, pero el juego permanece prácticamente en el mismo lugar. Al principio resulta intrigante; después empieza a sentirse repetitivo. Para mí, una dinámica de este tipo funciona mejor cuando se transforma junto con los personajes: cuando lo que comienza como un juego de poder termina revelando vulnerabilidades, contradicciones, afectos o consecuencias que ninguno de los dos esperaba. En Que Arda Todo, tuve la sensación de que la intensidad se mantiene, pero la relación no evoluciona al mismo ritmo.


Esto también afectó mi conexión con los personajes. Se insiste bastante en presentarlos como personas calculadoras, peligrosas y capaces de moverse cómodamente en situaciones límite. El problema es que, en algunos momentos, esa intención resulta demasiado evidente. En lugar de descubrir esas características a través de sus acciones, sentí que la narración me las recordaba constantemente. Eso terminó haciendo que algunas escenas se sintieran más como una puesta en escena de “mira qué peligrosos e intensos son” que como situaciones que surgieran orgánicamente de sus personalidades.

También me costó comprender la naturaleza de su atracción. Hay una intensidad física y sexual muy marcada desde el principio, pero para mí esa intensidad no siempre se traduce en una conexión emocional equivalente. Entiendo perfectamente que dos personajes puedan sentirse atraídos de una manera casi instintiva, pero necesitaba comprender qué había específicamente en Mara y Nico que los hacía obsesionarse el uno con el otro, más allá de que ambos disfrutan el peligro, la provocación y la persecución. La atracción está muy presente; la construcción de la intimidad, en cambio, me resultó menos convincente.


Algo similar me ocurrió con Mara y su relación con Darío. Siendo este una figura manipuladora y suficientemente peligrosa como para terminar convirtiéndose en el conflicto que conduce al desenlace, me habría interesado comprender mejor por qué Mara mantiene abierta esa puerta durante tanto tiempo. No necesariamente porque considere que debió bloquearlo y punto, sino porque esa decisión podía haber sido una oportunidad para explorar sus contradicciones y las consecuencias de su pasado. Me habría gustado que la historia utilizara esa contradicción para profundizar en ella.


Por eso el desenlace terminó resultándome bastante predecible. La resolución con Darío, seguida por Mara y Nico ensangrentados, besándose y abrazando finalmente esa idea de “que todo arda”, me pareció coherente con la estética que la novela había construido desde el principio, pero precisamente por eso no me sorprendió. El final confirma la fantasía que la historia venía prometiendo en lugar de transformarla.


Creo que ahí está mi mayor dificultad con el libro: sentí que sabía hacia dónde quería llevarme desde bastante temprano. La cacería, la obsesión, el peligro, el deseo y finalmente la idea de atravesar el infierno para alcanzar ese “paraíso” forman una línea bastante clara. Hubiera agradecido encontrar más matices en el camino, algo que hiciera que la relación entre ambos significara algo diferente al final de lo que significaba al principio.


La prosa tampoco terminó de convencerme. En varios momentos encontré frases y construcciones que me parecieron demasiado formulaicas o conscientes de su propio efecto dramático. No considero que utilizar clichés sea necesariamente un defecto, un cliché puede funcionar perfectamente cuando se utiliza con intención, pero aquí algunos recursos me sacaban de la historia porque podía percibir demasiado la intención detrás de ellos.


No considero que Que Arda Todo carezca de una premisa interesante. De hecho, creo que su punto de partida es probablemente lo que más disfruté: dos personas que se desean y, al mismo tiempo, se niegan a convertirse en la presa del otro. Mi problema fue que esperaba que esa premisa se complicara conforme avanzara la historia. Quería que la cacería cambiara de significado, que el control pasara de unas manos a otras y que, eventualmente, los personajes descubrieran que estaban jugando algo mucho más peligroso de lo que creían.


En cambio, sentí que la historia permaneció demasiado tiempo jugando al mismo juego hasta llegar a un desenlace que, para mí, era relativamente fácil de anticipar.


Quizá simplemente no soy el lector adecuado para este tipo de romance, pero incluso dentro de una historia construida alrededor de la obsesión, el peligro y el deseo, necesitaba encontrar un poco más de contradicción, vulnerabilidad y evolución para poder creer en ese “paraíso” por el que ambos estaban dispuestos a atravesar el infierno.

 
 
 

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